martes, 5 de abril de 2011

De lo provisorio

Las paredes respiran, o esa es la impresión que dejan llegar a Palo Alto, el último punto en la altura para observar la caída de los cielos y el agua, formulando en su posición aérea el diálogo con las regiones mortales de la tierra. Es a través de la lluvia que todo lo yaciente en la anomía reverdece, actuando bajo un embrujo sumo. Si hubiera que elegir entre dejar al rocío caer sobre una cama de hojas secas, donde los insectos elaboran su delicada cultura, o sobre los cementerios donde las rocas adquieren rostros nuevos, llevando sobre sí el nombre propio de quien ahora alimenta enredaderas o dota de sabia vivificante a un árbol de guayabas, el sabor del fruto maduro es de incidencia decisoria inobjetable. Basta atravesar el umbral enmohecido, ver las cruces multiplicándose como osarios o plumas de ave, y el aroma inmediato trae a presencia lo comestible.

Y mira, puedo recordarte tomándome de la mano para hacerme subir al árbol con sus hojas como palmas abiertas. Tenias en la boca la carne de los frutos rodeando el contorno de tus labios, y yo pensaba en el tiempo que nos llevaría encontrar los caracteres rocosos, los indicios de una naturaleza apoderándose de los monumentos humanos. Pero no era tan importante, yo quería besarte, y una mordida dulce era suficiente para enfocarnos en la antropofagia, ese modo de invocar otro tiempo. Y por ahí se puede leer el sacrifico de amor cortés de los amantes, corazón bajo cubiertos en la equidistancia de los bordes del plato, y la ingesta diegética, la narración que lleva a la sangre entre los molares y el trabajo de los incisivos la vida del otro, su latido suave. Una historia, y tus ojos abiertos como enigmas, mientras afuera la lluvia




lunes, 28 de marzo de 2011

Epoche


Boca arriba con una mirada distendida entre dos puntos, seguía con las patas delanteras el trayecto de las líneas de tela blanda, modulándose como pasta en la oscilación propia de las tiras de luz mortecina. Estar nuevamente ante Muybridge, con la mirada virginal de lo inmóvil, del tiempo modelado en la solidez del granito. Lo monolítico, habríamos dicho, si se fuera capaz de tal tabula rasa donde imprimir la cera, donde darnos cuenta de la preeminencia de la res extensa sobre las otras presentaciones posibles para lo viviente.



martes, 22 de marzo de 2011

Ella estaba de pie. Apresurando el paso sentía la alteridad de la tarde. Alteridad, vaya palabra en desuso, pero así era ella, una arqueología de las expresiones matutinas. Quizás deba decir que no era muy guapa, pero llevaba una tormenta en la cintura. Cada vez que alguien volteaba a ese estrechamiento de su parte media, era la revolución o su memoria la que devolvía un estallido de pólvora. Pero hay que decirlo en sentido amplio, no era solamente su capacidad sensual,sino el vaivén propio de las mareas; cercana a la playa como había sido desde su infancia, la ciudad que ahora acaparaba sus avatares de adulta lucia insulsa y descolorida.

Pero volvamos al presente, a ella orbitando otro plano. Había visto el atardecer tantas veces morir con el sol colgado de lo más alto de un árbol, y por eso de pie frente a la ventana, esperaba al menos las fanfarreas anunciando su precipicio. También se habría conformado con la mirada de las palomas, incapaces de manos profanatorias

sábado, 5 de marzo de 2011

Este Blogg nació de un cuento de Borges

Se había dejado invadir por el sabor de la sopa fría. Generalmente, el gusto ácido en su boca acrecentaba las ganas de la cerveza oscura mezclándose en el paladeo de las partes más saladas, como la galante mezcla de una […].

El sabor de la sopa le gustaba por el parecido indecente con los platos vertidos sobre el vientre de su amante. Con la lengua se encargaba de retirar el líquido extendido a ras de piel.

-No puedo decir lo impensable

Las manos artríticas sobre la escritura, el encuentro candente con una lengua

Una taza de café al borde de la melancolía

Los movimientos convulsos de un pez afectado de aporía

Por todo eso del gran incendio del mundo

La media noche

sábado, 19 de febrero de 2011

Qué se puede decir. Desaparecías, yendo cuesta arriba hasta convertirte en un pequeño punto tambaleante en la horizontal. Pensaba en las moscas; las que volaban patas arriba se mantenían como flotando junto al suelo raso, hasta tocarlo suavemente en un ascenso perfecto. El sol, seguramente. Había pensado tratando de justificarme. Pero estaba ahora la noche, días después con las manos queriendo la escritura, queriendo la bebida tibia en la garganta, o al menos ese fuego de las letras esquivo hasta el paroxismo latiendo tras los papeles hacinados en la parte baja del sillón, o haciéndose saber hastiados desde la repisa, con esa forma de mostrar las puntas inclinadas en la dirección de la ventana. Lo indefinido tenía la cara del amanecer. Ya hacía mucho que se había presentado con la expresión de un perro, lengua fuera, rechinando al compás de las piedras. Se levanta una de esas piezas líticas, y de inmediato se ha fundado la civilización, vaya desmadre. Desvarío. Este es un hábito de locos. Mejor las moscas y tu, pequeño punto. Mejor tu y las moscas. Con más piernas que el aire.

sábado, 5 de febrero de 2011

Moloch who entered my soul early! Moloch in whom I am a consciousness without a body! Moloch who frightened me out of my natural ecstasy! Moloch whom I abandon! Wake up in Moloch! Light streaming out of the sky!"

Howl

Allen Ginsberg (1926-1997)

domingo, 9 de enero de 2011

BC Rich y Didascalias

jueves, 6 de enero de 2011