La jornada: Viernes 4 de Enero 2007
Aspirantes a Reyes Magos inundan el Monte
Alhajas, relojes, licuadoras y hasta ropa de cama servirán para guardar la tradición
La jornada: Viernes 4 de Enero 2007
Alhajas, relojes, licuadoras y hasta ropa de cama servirán para guardar la tradición
Querida alma: viejo continente por descubrir al ritmo del jazz, impregnado del sabor dulcemente amargo de la ilusión melómana de persuadir a través de sonidos transparentes y trascendentales.
Cada vez que te percibo escuchando la misma voz femenina comparto tu satisfacción, la dejadez del vacío que obliga la secuencia exacta, precisa, oportuna.
Una vez más las notas se suceden unas a otras en desorden extraordinario, como si fueran libres, y la pasión de la misma voz se vuelve un lamento brillante que te impulsa a volverte a tu pueril madurez de impresionabilidad, a un grado de simpleza y complejidad que comparten un mismo espacio al mismo tiempo.
Cada compás se vuelve parte de un sendero que la mente debe seguir.
Mis ojos se vuelven hacia mi interior, hacia ti; la sorpresiva forma de combinar sonidos te induce ese impulso de hacer que los párpados recorran su trayectoria hasta encender la mansa oscuridad.
La voz, las notas, tú, somos uno mismo; y de nuevo, te llena de satisfacción ver la inmensidad de las posibilidades tonales que penetran en tu conciencia.
Nuestro nuevo lenguaje: sentimientos, fonemas melódicos aunados a la mirada y al movimiento de esquemas ideológicos impresos en cada universo acústico: stacatto, una fuga, un crescendo, una serie de voces que confunden pero que provocan nuevas concepciones.
Y de nuevo, ritmos tan distintos se presentan en cada oído; en un entorno distinto, físicamente invisible pero perceptible, se tornan de mil formas como estrellas en el cosmos. ¡Alabada sea la infinidad! Nuestro cuerpo se vuelve un ente inmaterial flotando en un pentagrama inmenso, y cada nota como olas de mar arrastran el espíritu a cualquier ánimo: donde el espíritu trasciende, donde viajamos a través de planetas, donde vemos el final como la puerta hacia una serie interminable de finales con nuevas aperturas; la vida se vuelve intermitente y eterna, la sentimos liberada transcurriendo sobre los ecos de un pasado siempre presente, aprendiendo a atesorar sonidos.
La melodía nocturna continúa hasta siempre, para volverse de nuevo (pero distinta) la secuencia exacta, precisa, oportuna.
¿Cómo caminar sobre un vacío onírico?
Salpicando las nubes, revolviendo la carne.
Construyes entonces un mundo de alternativas,
De sonidos graves, de desperdicios lingüísticos.
Qué manera de sobrellevar la ligereza:
Dedicando frases porosas sobre un pedestal,
Escupiendo febrilmente sobre los rostros.
Caminando sobre tus amputaciones imperceptibles
Y enormes proporciones de colesterol en el cerebro.

Una trompeta proviniendo de un sueño ubicado más allá del muro de cristal que aboveda la conciencia se incrusta en lo blando de la mente tras en formación de espiga cruzar la capa semipermeable que cubre el sueño: Blue in green. Miles Davis deja caer las notas como con una regadera sobre ciertos bloques de la memoria que comienza a crecer y extender sus partes en pos de la luz.
La silueta femenina de tantas compañías en abismo, en sueños. ¿Qué se ama cuando se ama? Quizás piezas de fantasma, o un recuerdo traído a cuenta de las pupilas interiores por una melodía tan delicada y perfecta, tan propia y ajena, como el habla y su cúmulo de ideas llegando desde lejos, desde el tiempo de las primeras palabras floreciendo en las lenguas de nuestros arcaicos ascendientes, quienes debieron poner nombre a las cosas, abstraer ideas de la luz, de los sonidos, de la sencilla concatenación de causalidades tan factible de ilusión pero que sin embargo sirven aun hoy de remo para flotar entre el mundo.
Blue in green, voy despertando, ahora con el sonido de Coltrane, y siempre Coltrane retomando los fragmentos suspendidos por el piano dotándolos de la forma correcta para incidir sobre nuestro barco, para adornar la subjetiva perspectiva de quien se introduce en el afuera tras unas horas de ausentación, caracterizado por vagar sobre la nada, sobre el vacío que representa el letargo, la suspensión de percepción directa, la inmersión en los confines…
Las cinco, es tarde, los pies se movilizan, las demás partes del cuerpo cumplen pulcramente con su mecanizada labor, y en cuestión de minutos ya voy cruzando la puerta, voy tomando el autobús, voy llegando al subterráneo, voy abordando la oficina, y así otro día.