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lunes, 1 de noviembre de 2010

Diario 1981Noviembre []

"Estaba en casa de [ilegible] cuando dijo que el movimiento era un corte móvil de la duración, y que de ahí se desprendía el hecho de la imposibilidad del Todo, como algo cerrado; a esto contraponía la creación, alargando sus aristas en pos de abrazar esa Totalidad inverbe. Mi incomprensión fué la primera cara de la moneda, apareciendo tras la caída tajante de la pieza. Aun hoy busco el otro rostro del azar, tomando con perplejidad esa tarde de galletas integrales y café."

lunes, 1 de diciembre de 2008

hasta la golondria emigró... presagiando el final...

"Si todo fuera tan sencillo como girar un picaporte, ya estaríamos equilibrando la vida en el ascenso por el apéndice horizontal de la chimenea"
E.E. Bacardi

El gato sonríe, es buena señal de que la capilaridad es un fiel principio de sintaxis física, de que cada vez somos menos sombra, pero sobre todo de que aun tenemos aquella simpatía y su capacidad para hacernos bienvenidos de los especímenes no-humanos más reticentes a la melancolía afelpada y al rubor femenino.

Me voy quedando: Soy una misma piedra, de un mismo río, que no es el mismo... Pero si seguimos flotando en Heráclito es por que el Rio no nos ha saludado como a Pitágoras, o por que su trágica defunción no ha dado paso a las exequias:

Que triste fue decirnos adiós
cuando te sumergiste en...

Vaya, que José José tiene clase, y la Hidropesía que era tormenta torrencial, malogradamente trató de convertirse en sequía mediante una sui generis inmersión, que o no curó al buen Heráclito, o lo hizo bocadillo perfecto para los perros.

El gato aun sonríe, es buena señal.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Un par de problemas (mundanos)

Loco de locura
con el velorio de cristal…
Loco de locura


-Si acaso unos cuantos pesos.

Las voces rebotaban con los objetos metálicos, solidamente colocados en la entrada del Bar. Junto a la barra un par de hombres y una mujer bebían solitarios, como ínsulas secretas.

En el punto más cercano a la puerta, fatigado de esperar, pedí un tarro más de cerveza, dispuesto a liquidar el acumulado de la noche en cuanto el último sorbo se rebajara a un recuerdo del líquido color ambar.

-Entonces perdiste todo.

En seguida pude recordarlo, la imagen de mi madre cruzando la puerta de la cocina, preparando pechugas de pollo rellenas con jamón, queso, y espinacas. Un fragor en el patio de enfrente, seguido de un resplandor como de cientos de soles estallando.

-Al menos sigo aquí…

El cenicero es una respuesta, igual que el temblor de los labios mientras se llevan un postulado de solución a la boca. “¿Cómo saber lo que pasó?”, palabras del médico frente a un cuerpo hueco.
-…
-No se que dirá mi mujer.



La noche boca abajo enseña los dientes. El frío cruza las pestañas, se guarece entre los huesos; la médula palpita para alcanzarse.

martes, 10 de junio de 2008

Siod, una primera aparición


Observando todo desde el privilegio de su ubicuidad de titán, Siod mantenía contacto con la tierra, el mar y el cielo, en esa labor suya de sostener el mundo para que no se desmoronase a la menor intempestiva de cambio. La imagen que lo pone tomando precariamente los pliegues de cada interfase en un esfuerzo desesperado por mantenerlos en contacto, corresponde a las elucubraciones de un poeta, mas que a a la realidad, pues la acción siempre había estado automatizada por motores de vapor y piececillas hidraúlicas, como antelación perpetua a la revolución industrial.
Regularmente debía inspeccionar el cuarto de maquinaria para aceitar los engranes chirriantes, dar unas cuantas vueltas de tuerca a los tornillos de distinto calibraje verniere, y comprobar como última acción necesaria el color exacto de las hojas de fuego que caían con el aspecto reptante de estrellas por la repisa del televisor; si una insinuaba un tono fuera de lo esperado, era menester extraerla del cubo con ayuda de unas pinzas, para evitar el contagio desequilibrante.
Era incapaz de pronunciar palabra alguna, no por falta de las partes físicas necesarias para que su voz resonara verticalmente con gruesa amplitud o por desconocimiento del idioma, si no, por haber perdido la lengua en un juego de Cartas con Trinidad. El apostó tal trozo de sí contra la libertad de la entonces joven e inefablemente bella Terrestre.
Durante sus ratos libres, que aparecían a intervalos cambiantes indicados por una especie de previsión confundible con sentido común, se dedicaba a leer el cien años de soledad de García Marquez, con el que soñaba la vida de un habitante común del mundo. Como Asterión, su destino estaba sellado y solo la muerte podría liberarlo; Esperaba con impaciencia el momento de su último respiro para encaminarse al apacible descanso de la inconciencia.
Todo lo que recordaba es que un día había aparecido ahí, encargado de la labor que arrastraba con sus pesadas piernas, como si el precio de la existencia fuera el mantenerla en avanzada.

viernes, 6 de junio de 2008

De otros recuerdos que vienen a cuenta de la lluvia

12X15 cm., una pequeña caja de regalo cubierta con papel azul-sólido: Bebo un vaso con agua (segunda adicción del día) antes de comenzar a trabajar con el hielo que brotará de los dedos y se plasmará inmortalizado sobre hojas de papel con alcances filosóficos –su aspiración a la vida que parte desde el blanco-.

Leer las noticias, escuchar la Guelaguetza directo en los oídos gracias a un par de mecanismos magnéticos que imponen un alcance a distancia; pronto el sabor de la comida llegará directo a las papilas gustativas.

Entre tanto pensar en los sueños de la última noche, voy aislando más rasgos decisivos:

1) La paranoia es una deliciosa institución que dota de movilidad y suspenso tanto a las películas como a las proyecciones imaginarias: a)efecto del café b)efecto de ver a la ciudad entera (su gente) convertida en rinoceronte –Ionesco- c) las dos juntas

2) ) Los gatos tienen más de siete vidas y dos ojos aguardando el fundirse con la suprema vigilancia del cielo: Luna que pare el partir mutuo de toda oscuridad tendida como enramaje.

3) La Ciudad respira y equilibra a la perfección su cauce de similitudes / transformaciones para adquirir toda particularidad digna de un discurso mental.

4) Patio Ofelia = retas de futbol.


domingo, 23 de marzo de 2008

Turismo en el centro de San Cristobal -perspectiva geométrica/traslacional/rotacional-

En ese lugar solo se puede caminar por el andador hasta chocar con la pared; Lo que queda a continuación es girar un ángulo aproximado de 180 grados hacia cualquier dirección –izquierda o derecha del plano, al menos que se quiera terminar andando de cabeza o yaciendo en el suelo-, o practicar la reflexión del cuerpo entero con lo que se obtendría un resultado parecido pero con el inconveniente de quedar simétricamente invertido: diestra por siniestra.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Sobre el andar cotidiano

Es tan repulsivamente complicado aventurarse a la neutralidad, llenarnos con un espacio vacío, neutro. Escuchar vagamente el viento transmutado en recuerdos que dejamos pasar y no buscamos. Somos seres sufribles, la paradoja de la creación y de la existencia de la felicidad.

Quizá buscamos algo, pero por lo general vemos en un gran conjunto de personas el espejo que muestra nuestra desidia individual. Vagamos en un campo estrecho que no nos muestra la totalidad de las cosas, y preferimos el andar tuerto, la mentira tranquilizadora.

Somos, al parecer, la expresión máxima del sinsentido, cualquier búsqueda parece inútil frente al presente carente de temporalidad y que es sólo una secuencia sorpresiva de instantes repetidos. Nos desacostumbramos de la noción de tiempo, de un tiempo que no ejerce presiones, libre de consecuencias traducidas en estrés y autoflagelación, no anticipamos los momentos y dejamos que asalten nuestra comodidad con lo imprevisto. Y todo porque viajamos a través de dos extremos: el sentido de la búsqueda y el sinsentido de la misma. Pero esta antinomia de sustantivos forma parte de su misma racionalidad, no existe, para el encuentro último y completo del ser, un entendimiento lingüístico, es algo personal, no universal, por tanto, desde que intentamos denunciar como absurdo la previsión, la preocupación por el instante siguiente, entramos en una incapacidad por alcanzar la verdad.

Al final caemos irremediablemente en ser representación, imágenes de nosotros mismos, irrealidades, adaptación al entorno. El espejo de nuestra existencia es quien camina habiéndose apropiado de cada cuerpo, incluso, en una cobardía extrema siente la necesidad de enmascararse, tal vez hasta poder cubrir sus perversiones, sus intenciones libidinosas.

Por estas razones hemos creado palabras como desidia o hipocresía. Básicamente son los mejores pretextos para existir. La desidia acomoda nuestro espacio a la convicción de que lo único que requerimos es comprensión por tanta apatía, la hipocresía se ajusta a la descripción de las personas que-nos-caen-mal. Siempre es mejor moldear la piel a la forma de los clichés, y la sonrisa no es distinta a la que vemos en otro maniquí, las caderas incluso no pueden dejar de balancearse sin el ritmo preestablecido. Y las emociones vienen por etapas, uno aprende a ejercerlas oportunamente, sabe cuándo estar indignado, cuándo enternecido, cuándo enojado o triste, pero detrás siempre está el paradigma común, y es lo único en lo cual pensamos.

Lo interesante de tanta banalidad, es que, con todas estas cavilaciones deja de serlo, y la complejidad se hace evidente. Simplemente somos la materialización de lo complejo, una fachada de simplicidad, por suerte, de tres dimensiones.