lunes, 14 de abril de 2008

sábado, 12 de abril de 2008

Requiescat In Pace

De la muerte de Efigenio nos quedó un letrero: Aquí yace auqél. Pero bueno, fueron pocos los seguidores de aquel filósofo que proclamó su muerte, y muchos los honrados ciudadanos que aún creen escuchar sus pasos.

De los gatos en las noches de Verano

Con todo y cabeza redonda
en ese cuerpo de félido carnívoro,

-saltarín y retráctil, como las sombras-

el engranaje con cremallera
de su fuerte parte media,
devora el estertor de una ave de hojalata,
sin recaer en el temblor de la luna
que a falta de
_________ s o s t é n
_________________hidraúlico,
rueda su femenina esfericidad rocosa
contra las elefantinas columnas de la tierra.

viernes, 11 de abril de 2008

Algo sobre las bicicletas (la asistencia es estrictamente obligatoria)

Algunas respuestas varias a preguntas inconexas

<Carnap>: Qué fué de las aves que no usaban paraguas?
Especialmente de las aves que no usan paraguas es difícil responder. Verás, los paraguas, ante cada gota, son una respuesta irrefutable. Las aves sin paraguas no nos darán jamás esta respuesta, ni nunga otra. Qué ha sido de ellas, tal vez debamos arrojar nuestros paraguas una tarde lluviosa de cualquier estación y salir a buscarlas. Porque, ¿sabes? los pájaros detestan las sombrillas.

<Oyuki>: La nueva oleada de blogs iniciada por Juan Carlos Cabrera Pons, tiene algo que ver con el ya anunciado "fin de las antologías"?
Al parecer, y según informes precisos de la Masiosare Asociación Gatomaquia Antica (MAGA), así es. En un futuro no muy lejano las antologías dejarán de guiar el rumbo de la poesía mexicana para trasladar la atención a un nuevo tipo de foros, uno muy cercano al así llamado "blog".

<Guille>: Es Berbatov al Tottenham lo que Bergkamp fué al Ársenal?
Ninguno es lo que Maradona al Napoles.

<Vallejo>: Es la espuma pretexto suficiente para no escribir?
Verás, en lo personal creo que sí. La espuma es pretexto suficiente para morir, estarás de acuerdo conmigo en esto, y dado que la escritura es un instante de muerte, la espuma es suficientemente buena como excusa, siempre y cuando haya un poco de humedad.

<Master Mind>: el cielo se puede desgajar como naranja?
Lo preguntas como si nunca hubieras visto ni el cielo ni una naranja.

Relativa ausencia de Efigenio Bacardi y una carta equívoca

¿Y qué pasó con Efigenio? me dijiste. ¿Recuerdas la carta? ¿recuerdas cualquier carta? Las hay largas y cortas; las hay que llegan y que no llegan; pero sobre todo las hay escritas para enviarse y para no enviarse. ¿Y qué pensarías tú de mí ahí hablándote de cartas y cosas que ya sabes? Es en vano que escapo de tu ausencia, decía aquella carta, es en vano que intento escaparme de tu ausencia milenaria, de este mi cuerpo tan tuyo donde no estás, de este mi cuerpo que es tu ausencia, es en vano que intento desprenderme. Efigenio Bacardi -que en su nombre se reúnen remitente y destinatario- leía las líneas como quien lee llover. Es en vano que intento desprenderme de estos mis pies desnudos entre las sábanas frías de tu ausencia, en vano estiro los brazos a la ventana ausente, no hay nada más que un vacío infinito en el que no estás, y que en su deber de vacío no deja de absorverme. ¿Pero qué pasó con Efigenio? preguntabas, y qué podría decirte yo: al diablo con el Efigenio E., que no hay que no podrá con la respuesta intermitente de tus ojos, que no lo sé que se perdió por la mañana... Que la soledad es una confirmación plena de la presencia pero este vacío de tu ausencia no es silencio no es lugar, es la pura forma de algún dios que se ha perdido. Tomabas la taza de té entre tus labios, pero qué diría el té, qué será del té que por tu boca, qué muerte süave con diéresis junto a tus labios; pero que qué pasó con Efigenio. Es en vano que intento desprenderme de tu ausencia. Habita en el borde de mis párpados, esta ausencia es lo que ocurre al despertar, y para qué quiero mis ojos. Mis ojos aquéllos, jamás los vi, pero al cerrarlos tu ausencia milenaria preguntaba que qué diantres conmigo, que una taza de té, que una apenas caricia. Y Efigenio que era remitente y destinatario de una carta escrita para jamás enviarse pero que fue enviada irremediablemente, tomó el último sorbo de su expresso doble cortado, pagó la cuenta sin pedirla, y salió a la calle con el sol hiriente todavía. Y todavía me sales con que qué fue con Efigenio.

jueves, 3 de abril de 2008