miércoles, 5 de diciembre de 2007

III

Cada vez resulta más difícil mantener tal estado de cosas. Los cuadros toman vida interna para distribuir materia en soliloquios trascendentales: El mundo es el dibujo perfecto de las imágenes mentales…

Madrugando para pensar en vos, como se piensa una canción de Zappa, un atardecer, o un jardín de árboles tropicales. Sedo a la gravedad de tu voz recordándome con palabras al oído la mortalidad de cada uno de nosotros. Primero mi abuelo perdido en un infarto fulminante, después la vieja tía víctima de la edad y complicaciones renales, el primo lejano muerto en la guerra con los hombres sombra, y la lista ensanchándose con la respiración luminosa de cada amanecer perfectamente bello que se olvida o pasa por alto. Tendremos que idear un mecanismo para disolver las certidumbres totales y dar espacio al miedo y la duda que aderezan nuestro cansado andar de hombres modernos, actuales, tecnológicos. Adiós fe a la ciencia y al dios todopoderoso, adiós leyes perennes de la física, biología,…

Lo inmutable es la vibración metafórica de los labios que sonríen de manera indiferenciable como preludio a un beso o a una despedida.

La idea del Hombre en Heráclito

De acuerdo a Heráclito es posible distinguir entre clases de hombres, siendo la proporción en que se divide su naturaleza desalentadora de principio “[…] Los más son malos, y los buenos pocos” (DK22B104).

Son entonces los malos hombres los que dominan por número este mundo, distinguiéndose unos de otros principalmente por los móviles de sus acciones: “Los mejores prefieren una cosa sobre todas: en vez de lo perecedero, fama sempiterna. Mientras que los más se sacian como animales.” (DK22B29). Mientras unos piensan en una trascendencia temporal, lograda con la realización de actos que los hagan memorables, los malos, que son más, se dejan dominar por sus instintos, haciendo de su vida un etéreo sustrato que se extingue fácilmente.

En lo referente a la capacidad cognitiva del hombre, el ser humano comparado con la divinidad es sumamente inferior, como hace constatar Heráclito: “El más sabio de entre los hombres parece, respecto de Dios, mono en sabiduría, en belleza y en todo lo demás.” (DK22B83). Esto nos indica dos cosas, primero que el ideal es caracterizado por dios, como se reafirma con: "Para el Dios todo es bello y bueno y justo; los hombre, por el contrario, tienen unas cosas por justas y otras por injustas."(DK22B102) y segundo, que el conocimiento aparece entonces como algo inalcanzable, estando el hombre impedido facticamente de inicio a la consecución de nociones que pueda ostentar como tales, ya que se dice: “Lo que el mejor opinador conoce y guarda en el mejor de los casos son opiniones […].” (DK22B28), matizado con un: “Opiniones humanas: juegos de niños” (DK22B70). Cosa enormemente irónica y desalentadora, estando el logos, traza de conocimiento, frente a nosotros todo el tiempo, palpitando su verdad, tal como nos dice el fragmento B1.

¿Qué puede hacer entonces el hombre, si además de estar impedido para conocer, desde el momento mismo del nacimiento inicia su camino de sufrimiento?: “Una vez nacidos, buscan vivir y cáeles en suerte el penar; mejor fuera el descansar en paz. Y dejan tras sí hijos con el mismo lote de penas.” (DK22B20), al parecer nada; pero un último resquicio de esperanza se encuentra aquí: “Para los despiertos hay Mundo común y uno; los dormidos se vuelven cada uno al suyo” (DK22B89), después de todo, algunos hombre son capaces de intuir el logos, y al parecer de Heráclito, ellos son lo más rescatable de la humanidad.

martes, 4 de diciembre de 2007

Genesis - The Knife

Camapaña por Genesis

Del Vaciado de Tazas

[1]



[1] Este ensayo esta motivado por una historia contada en clase de Teoría del conocimiento, en la cual se narra el encuentro entre un sabio y un eminente profesor: un discurso interminable dado por el segundo, que se ve interrumpido cuando el sabio llena una taza da café hasta desbordarla y habla de la necesidad de vaciarla, comparando la taza con el profesor.

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Generalmente las cosas nos van sucediendo sin que nos demos cuenta; Así pasamos de un lugar a otro, con la indiferencia suficiente para no instalarnos unos instantes frente a un suceso que reclama modestamente nuestra atención; Desde el sonoro surgir de agua (casi murmullo) que salta de las entrañas de una fuente de piedra; hasta las miradas, movimientos, voces, de las personas que nos rodean (sin olvidar en el trayecto, a la caída de hojas, cantos de aves, colores lúdicos desbordando el cielo y resto de materia), parecieran resultarnos habitantes de un espacio completamente ajeno.

Claro, podemos lustrarnos los zapatos, colocarnos un atuendo que se precie exacto para denotar el aire intelectual que habita en nosotros, y caminar orgullosos, con la seguridad de que irnos puliendo al contacto con palabras, teorías extraídas de lecturas y títulos universitarios, es todo-lo-necesario. Pero entonces aparece un vacío en algún lugar de esto que somos… y ya sabemos lo que pasa:

“Pensamiento ligeramente ensangrentado: qué es entonces el hombre, ¿hilo blanco
de la irrealidad, hilo negro de las estrellas?, ¿costura
de las parcas?, ¿monólogo
en el gran teatro vacío? ¿O además cuerpo
y más cuerpo para que arda el animal
sagrado de uno?”[1]

¿Qué es el hombre? Pregunta fundamental que nos concierne a todos, pese a que el interés que suscita la búsqueda de su resolución varíe de persona a persona. Esa respuesta se construye con la visión del hombre y el mundo (concepción Ontológico-Antropológica) propia de cada individuo (influido por su sociedad), el llamado por Dussel núcleo ético-mítico[2] (que afecta también a lo epistemológico).

La religión y costumbres heredadas son en principio, constituyentes fundamentales de la noción del mundo; Actualmente la postura científica en conjunto con la tecnología, parecen estar sustituyendo-constriñendo dicho contenido esencial de nuestro núcleo ético-mítico, dejándonos en un punto indeterminado, sin saber hacia donde dirigirnos: ¿Ciencia o Sabiduría?[3]

Es importante no caer en los extremos, lo principal es moverse críticamente entre ambas cosas, tomando de cada una lo que consideremos conveniente para nuestra vida. La ciencia representa una construcción teórica, elaborada con reglas bien definidas que solo permiten agregar a su cuerpo conocimientos justificables en su sistema[4]; por su parte la sabiduría es un conocimiento sobre la vida, que se forma de modo personal, e indica un camino vital (de ahí la importancia de la poesía y la religión, entre otras disciplinas).

El ser humano es de una enorme complejidad, y al reducirse su campo vital a un ámbito demasiado definido, limitado, en forma de teorías científicas (filosóficas), y tratar de dirigir su mundo solamente conforme a ellas, se sentirá inevitablemente vacío; de ahí la importancia de vaciar la taza repleta de teorías que pueden llegar a obnubilar nuestra visión.

Nos ponemos de pié, tomamos del asa al pequeño artefacto otrora foco de atención y elogios desmesurados, y rotamos la muñeca como si estuviéramos comenzando a darle cuerda a un reloj:

“Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.”[5]

Entonces la teoría y la vida (sabia) se entremezclan, dejándonos frente a un panorama dulce y más completo.



[1] Gonzalo Rojas. “cítara para el muerto” (fragmento). Antología del aire

[2] vid. Pedro Enrique García Ruiz. Filosofía de la liberación; Una aproximación al pensamiento de Enrique Dussel pp. 30-31

[3] vid. Luis Villoro. Creer, saber, conocer. pp.222-234

[4] Si bien la ciencia se aplica a la realidad, estas aplicaciones constituyen hechos aislado que inciden sobre una parte de la naturaleza, no un camino de vida capaz de dirigir al hombre.

[5] Julio Cortázar. “Instrucciones para dar cuerda al reloj” Historia de cronopios y famas

lunes, 3 de diciembre de 2007

La comunicación existente desde la sociedad imprescindible: generación mutua y coexistencia

Para discernir acerca de la existencia de la comunicación dentro de la sociedad, podríamos partir de la definición del concepto, sin embargo, de cierta forma detesto las arbitrariedades, por lo que sugiero únicamente, y recalco el adverbio, una noción del término: la comunicación es un hecho, no una actividad, una situación de implicaciones abstractas con posibilidades interpretativas: mensaje, emisor y receptor básicamente, pero por la participación de múltiples elementos en esta metáfora del canal no me detendré demasiado en detallarlas, esperando que en el desarrollo del ensayo se comprendan estos factores.

El sustento epistemológico para realizar este trabajo no está basado en motivaciones personales sino en un cuestionamiento planteado al principio del curso, cuyo final representa la realización de este texto, éste coloca dos premisas sobre las cuales discernir una respuesta: ¿hay comunicación sin sociedad? ¿Hay sociedad sin comunicación? Séame permitido dar mi postura para clarificar el contenido de los párrafos posteriores: ni una cosa, ni la otra. La comunicación como hecho, explicado como acción social, retomando a Weber, debe estar inserta en una relación emotiva, es cierto que mentes de ánimo confrontante podrían apelar a la existencia de la comunicación mecánica y la cibernética, sin embargo, no es posible pensar en la existencia de este hecho sin motivaciones previas, por lo que está presente en orden temporal, la emotividad primero, y lo mecanicista después de ésta. Con emotividad me refiero a todo el entorno individual-cultural que se refleja: sus necesidades físicas, mentales, hedonistas, etc. Y para aclarar la acción social, Weber dice que ésta “se orienta por las acciones de otros, las cuales pueden ser pasadas, presentes o esperadas como futuras” (18), por tanto, observando que una acción social (adjetivo derivado del sustantivo evidente: sociedad) sólo puede ser referida por medio de la orientación de acción individual por el actuar ajeno. Es cierto que puede no existir un intento directo de establecer el canal comunicativo, sin embargo, cabe recordar que la transmisión de un mensaje no únicamente está constituida por los sintagmas lingüísticos, sino también por los elementos simbólicos como imágenes y gestos corporales, al menos como objeto sujeto a posibilidades interpretativas que nos otorgan un esclarecimiento en base a esta actividad deductiva sobre cómo orientar nuestra conducta con respecto a la situación sobre la cual discernimos.

Quisiera comenzar de lleno el análisis o la justificación de mi respuesta en base a la idea de una comunicación existente sin sociedad en el momento en que se da en la interioridad del sujeto; para ello debo manifestar de entrada mi posición acerca de las comprensiones lingüístico-imaginativas, ámbitos socialmente aprendidos. Para este punto conviene mencionar las ideas de Schütz. Considero que la única manera que tenemos de comunicarnos en primera persona, es decir, con nosotros mismos, es a través del lenguaje y las figuras simbólicas, experiencialmiente adquiridas. El autor alemán habla acerca de la corriente de conciencia y la adecuación de nuestras vivencias y un acervo de conocimientos a nuestra conducta; si aprehendemos un lenguaje bajo el cual establecemos relaciones intersubjetivas, o primeramente mutuas de coexistencia, partiremos de este conocimiento para forjar nuestros pensamientos y el <> de los mismos. Lo mismo sucede con las imágenes; si recordamos alguna imagen es porque ya la vivenciamos, hemos tenido una experiencia sobre ella y un acto de significación, por lo que el reconstruirla en la mente nos representa una proyección conductual, aunque sea únicamente como nostalgia o anhelo.

Puede presentarse en este punto la suposición de la posibilidad de aprehensión autodidacta, si adaptamos elementos útiles dentro de nuestra individualidad independientemente del uso social, pero el hacer esto implicaría un alejamiento, un rechazo hacia la inclusión, sin embargo las cosas sobre las cuales ejercemos la actividad significante son, de facto, una producción social, y como tal, no pueden ser opuestas radicalmente a su uso y significado consensuado; sin embargo, no quisiera que se cayese en el absolutismo terminológico, con significado consensuado me refiero a un primer tipo de sentido, que bajo el mundo individual se transforma, o mejor, se adecúa al entorno propio de cada sujeto. Desde ahora debo manifestar mi rechazo al estructuralismo y los sistemas de explicación organicista de la sociedad. Aún así, comprendo, acepto y sugiero como referencia ineludible para los estudios sociológicos a esta corriente explicativa, incluso me quedo con una de las ideas de Parsons acerca de los sistemas simbólicos; “la acción humana es cultural, debido a que los significados y las intenciones relativas a los actos se constituyen de acuerdo con sistemas simbólicos” (16). La existencia de subjetividad está presente en esta teoría, aunque yo no quisiera ver que todas ellas están orientas necesariamente hacia el funcionamiento normativo, y menos dentro de un esqueleto auto-regulable. Pero para no perder el tema central acerca de la comunicación no ofreceré mis suposiciones en torno a esta parte del estudio. De hecho, puede notarse la presencia de una relación comunicativa entre los sistemas simbólicos y los individuos para orientar su acción; los primeros constituyen otro referente de conducta, comprendido, o impuesto por ciertos códigos, este referente es evidentemente aprehendido por los sujetos y, consciente o inconscientemente, orientarán este aprendizaje (como proceso observatorio, interpretable, comprensible) a la pertenencia de su entorno. Estos sistemas funcionan de la misma manera en que lo hacen las normas socialmente creadas. De hecho, la esfera pública se preocupa por llevar efectivamente al comportamiento individual esta normatividad, y las estructuras políticas “se interesan por la organización colectiva para el alcance de metas significativas para la comunidad…” (29); esto es sólo para reiterar la comunicación implícita del entorno complejo y amplio en el que existe un concepto abstracto, una idea moral no descrita pero manifiesta bajo la cual se pretende alcanzar un grado de convivencia dentro de la comunidad extensa. Aún reconociendo el estudio de Durkheim no podemos prescindir de la comunicación, pues si pensamos a los hechos sociales, alejados del poder coercitivo hacia el individuo, su existencia paralela implica ciertas conexiones que busquen un acuerdo y eviten una oposición dialéctica; un hecho social “si es general, se debe a que es colectivo, bien lejos de ser colectivo porque es general” (28), y aunque no deja de ser creado desde una totalidad pequeña o amplia, para resolver cualquier posible pensamiento acerca de una independencia aparentemente factible, habría que preguntarse ¿qué mantiene unidos a los hechos sociales dentro de un mismo todo? ¿Qué los orienta cooperativamente hacia el mismo fin? Mi respuesta somera sería: una comunicación jerárquica-administrativa, atendiendo a las ideas de Durkheim, que no comparto del todo, pero de tratarse la sociedad de un sistema así, la comunicación se daría de esa forma.

No puedo imaginarme qué tan factible sea la comunicación interna en un sujeto completamente aislado desde su nacimiento de todo contacto social; quizá pueda desempeñar elucidaciones en base a imágenes, pero con el tiempo, supongo, realizaría acciones meramente mecánicas en las que por pura experiencia incapaz de trascendencia, sabe que éstas le darán un resultado, y cuando se presente una nueva situación, muy probablemente se verá él inútil porque ese momento ha salido de los límites de su mundo actitudinal.

Esclarecido, según mis expectativas, el asunto sobre la imposibilidad de la existencia de un elemento, comunicación o sociedad, sin el otro, paso ahora a la explicación de los esquemas comunicativos, o de los acercamientos comprensivos, aprehensivos y significantes de los individuos. Yo también comparto la existencia de un mundo relativizado, a pesar de los acuerdos comunes para la coexistencia. Von Glazarsfeld diríamos, se despide de la objetividad, dejándonos a los lectores la invitación de hacer lo mismo. Diremos que para conocer hace falta también una relación comunicativa, o quizá varias: desde la orientación no percibida por el sujeto de la normativa y los paradigmas interpretativos, conductuales y epistemológicos, luego en los afanes de interpretación motivados por los intereses personales; de hecho el autor menciona que las representaciones no vienen de los objetos, sino de las ideas en torno a ellos, ideas que son formadas desde un entorno cultural de diferentes magnitudes según el alcance que tenga el individuo en la amplitud de los círculos de este tipo. Y posibilidades de acercamiento al objeto que no se presenta en sí, sino como un aparente-sí-mismo, aunque podríamos argüir que sí tiene existencia en-sí para cada perspectiva, y que aún así puede irse reconstruyendo.

A pesar de esto, tampoco podemos creer que el individuo acepte sumisamente la dominación discursiva-cultural; desde la escuela de Frankfurt sabemos que los mismos estudios sociológicos puede bien ser instrumentos emancipadores o justificantes para el discurso dominante, pero más allá de esta interpretación hacia las intenciones de la investigación, es plausible suponer que adaptamos las palabras o el lenguaje al sentido creado desde la individualidad. Y crear este sentido, al menos social, parte de una comprensión intersubjetiva desde el modelo lingüístico de Habermas en el que podemos reducir de alguna manera al mundo a explicaciones desde el lenguaje, y entenderlo en base a éste, para así acercarse a “la posibilidad de llegar a un consenso sin coacciones acerca de la legitimidad de la pretensión de que se trate” (50), el consenso llega casi por inercia, aunque en un ideal bastante lejano de una intención incondicional de intercomprensión.

Morin y Bourdieu ya suponen de entrada una comunicación o injerencia de un ámbito cultural, por tanto no cabe una gran explicación de ambos, únicamente podemos distinguir dos observaciones: una que explica el carácter autodeterminativo individual y otra que lo hace acerca de una imposición cultural cuasi-dogmática. Bourdieu distingue a las clases sociales y sus influencias, y supone para las élites la creación de las referencias artísticas y de un tipo ideal de vida, mientras que Morin se muestra más optimista en las posibilidades del sujeto de destilar la influencia cultural de su propia orientación ética.

Por tanto, reitero la inexistencia de comunicación sin sociedad, ni de sociedad sin comunicación, y basándome en la relativización también supongo la diversidad de tipos de comunicación con respecto a la diversidad de sociedades, y de sociedades con respecto a la diversidad de tipos de comunicación; de hecho en el título ya había indicado la característica co-generativa en esta relación comunicación-sociedad. Si atendemos a las épocas hipermodernas y al fenómeno de globalización, también es factible pensar que una comunicación se transmuta a otra sociedad distinta, la regenera; y de la misma forma una sociedad puede adquirir, por procesos de expansión o de algún otro tipo que en este momento no podría definir, ciertos requerimientos por la instrumentalización o implementación de elementos no considerados en los viejos códigos, obligando a éstos a renovarse. No hay por tanto, la posibilidad de pensar un elemento sin el otro.

Bibliografía

· Bourdieu, Pierre. Sociología y Cultura. México: Grijalbo CONACULTA, 1990.

· Durkheim, Emile. Las reglas del método sociológico. México: Pretia Editora, 1989.

· Habermas, Jürgen. Teoría de la acción comunicativa: Complementos y estudios previos. México: REI, 1993.

· Honneth, Axel. “Teoría crítica” en La Teoría Social hoy. Anthony Giddens, Jonathan Turner et al. México: Alianza Editorial CONACULTA, 1991.

  • Morin, Edgar, “Cultura y conocimiento”, en Watzlawick Paul y Meter Krieg, (2000), El ojo del observador: contribuciones al constructivismo, Gedisa, España, pp. 73-81.

· Parsons, Talcott. La Sociedad. México: Editorial Trillas, 1983.

  • Von Glasersfeld, Ernst, “Despedida de la objetividad”, en Watzlawick Paul y Peter Krieg, (2000), El ojo del observador: contribuciones al constructivismo, Gedisa, España, pp. 19-31.
Weber, Max. Economía y Sociedad. México: Fondo de Cultura Económica, 1977.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Mano con pétalos


Soy pésimo para los títulos, odio caer en ese vicio nominativo de los artistas conceptuales pero la foto necesita uno para la entrada...

Tardío atentado de respuestas

Es cierto, la inactividad ha durado bastante, esto debido a ciertos factores que consumían el tiempo de estos escribientes (y no escribientes en el sentido literario, sólo en cuanto a actividad). Pero aquí traigo un nuevo atentado de respuestas, que quizá se noten un tanto vacías, aun los efectos de la presión y uno que otro cliché emocional se verán reflejados.

Pink Martini: ¿En qué momento se dio la revolución sexual? Habría que ver a qué te refieres por revolución sexual. Puede que se haya dado, puede aun que no. Como sea, digamos que es un proceso paulatino, incompleto. Pero si quieres la respuesta menos estándar, tal vez fue cuando se creó la ropa multicolor, símbolo de lo que llamamos "la libertad sexual".

Joe Martini: ¿Papá, qué es el sexo? Nada, un mito urbano que gira en torno a las gónadas, el erotismo y las enfermedades venéreas. O eso le sugeriría de respuesta a tu padre.

Pópol Blues: ¿y del buen george y los nahuales que perseguian aquellos intrinsecos mosquitos de felpa? George es la figura imaginaria que se discurre en la mente de dos sujetos en la casa de otro al lado de un teléfono de antaño y una mala muestra de histrionismo. De los nahuales no sé... alguna vez vimos uno que llegó a resguardar la soledad del grupo sentado en la banquita que propiciaba discusiones estéticas a las dos en la madrugada y un clima muy frío y, para variar, dos no fumadores y otros dos que sí lo eran sin cigarros. Lo seguimos viendo durante algún tiempo más, pero ahora no podría asegurar que se encuentre entre nosotros.

Vlad: (Resumiré a una tu pregunta)
¿No es una falta de responsabilidad social el leer las portadas de los periodicos solo para averiguar los resultados de futbol? A mi gusto, y desde mi perspectiva pseudo-científica, sí lo es. Así como soy, sujeto medio interesado en la política y desgracias sociales, que además odia al futbol por considerarlo dentro del discuros de al pueblo pan y circo, diría que sí. Sin embargo, el futbol cumple una función bastante interesante en la vida cotidiana, pero no entraré en ese tema. Como sea, te diré que desinteresarse por otro aspecto que no sea futbol, sí considero, es muestra de irresponsabilidad, después de todo, lo que pase en donde te toca vivir también repercute sobre ti.

Guillermo: ¿
he notado cierta inactividad en el responder de las preguntas. ¿A qué se debe esta situación? Ofrezco disculpas por este período de nula actividad. Ciertos trabajos nos han mantenido ocupados, pero pronto volveremos al posteo acostumbrado. Gracias por el interés de seguirnos leyendo a pesar de la falta de novedad.

Esperamos volver pronto a una constante publicación de entradas. Pregunten lo que quieran preguntar, podemos asegurar que esta vez no retrasaremos las respuestas.